abril 11, 2015

Relato de un otoño mental

Es difícil de explicar, el por qué de tu sonrisa desdibujada. Cuando la tarde se esconde. Cuando mi figura para vos, ya no es la misma. Cuando no puedo  abrazarte a pesar del frió, al verte estremecer. Cuando el vapor de tu aliento se hace visible y la oscuridad va despertando. Cuando esa mirada que en el pasado alguna vez conocí, me avisa que ya no es lo mismo, y la melancolía de una canción en mi ipod me lleva a un lugar mas confortable, adonde me refugio de mi mismo. Donde sentados en la misma plaza, en una época que se nos escapó, el sol a contraluz contorneaba tu perfil, y una sonrisa desinteresada pero presente significaba que todo estaba bien. La soledad era algo para compartir juntos, y no estas agujas que me calan los huesos y me perforan profundidades que desconocía tener.
La batería de mi ipod se acabó. Ahora escucho la musicalidad lúgubre del momento real, al lado de un cuerpo estático, de labios partidos que me repele como el antagónico lado gemelo de un imán. Intento acercarme pero, con sinceridad, no puedo. 
Un viaje retrospectivo que nos devolviese a ese lugar seria mas fácil. No tendría que maniobrar una forma menos drástica de expresar lo que estoy sintiendo; que tal vez, en este momento, lo que mas me incomoda no es la imposibilidad de volver al punto cúspide, casi idílico; si no ver mi propio ego resquebrajado por las sombras que se están acercando, que la culpa no me invade pero el pesar, de no ser quien yo creía, sí. El pesar de la promesa rota, de la desviación por mis instintos incontrolables. 
Quizá nunca fuiste quien yo creía que eras, y te envolví en papel de caramelo jugando al romance, porque me gusto la primera pizca de ese dulzor que estaba necesitando. O quizá yo no soy el tipo de persona que no daña, pero como no hacerlo? como verme forzado a no ejercer lo que me nace. 
Callada me observas como si fuese tu enemigo, y el silencio me aturde en un tornado de cosas que no estamos diciendo. El reloj avanza pero no nos vamos. 
Cuando te di la espalda y comencé a trazar un camino paralelo, me sentía libre. Mis gestos tratan de mentir, en vano, tu mirada ya desnudó lo que estoy pensando. Pero aun no nos vamos. 
Esbozo explicaciones ambiguas, que se esfuman antes de ser coherentes. Retorno a mi mismo ¿Por que te di la espalda? ¿Como llegamos a esto? ¿Como llegue acá?
Involuntariamente, en mi mente hay un caso de detectives que se ensaña  por descubrir un culpable. 
Todo apunta a que soy un desalmado sin escrúpulos, y tu rol es la victima de este desastre.
Vos querías lealtad sin mucho esfuerzo, yo hubiese querido nunca haber caído en esta pérdida de identidad donde me corroen preguntas retorcidas. Y aunque tu llanto acapare la escena, en algún momento de todo esto, yo me perdí a mí hace tiempo.

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